El juez y la inteligencia emocional





Hace poco murió Oliver Sacks (versión vida real del neurólogo que hacía Robin Williams en Despertares, libro escrito por el propio Sacks).

Sacks era no solo un neurólogo eminente, sino un observador atentísimo y sensible, y un excelente prosista.

Lean "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", o "Un antropólogo en Marte", libro de donde tomo este fragmento que transcribo y resalto:



Otro hombre, un antiguo juez descrito en la literatura neurológica, tenía una lesión de lóbulo frontal causada por unos fragmentos de granada en el cerebro, y en consecuencia, se encontraba totalmente privado de emoción. Podría pensarse que la ausencia de emoción, y de los prejuicios que la acompañan, le haría más imparcial -de hecho, extraordinariamente calificado- como juez. Pero él mismo, con gran perspicacia, dimitió de su cargo, aduciendo que ya no podía penetrar comprensivamente en los motivos de los implicados, y puesto que en la justicia había sentimiento, y no solo pensamiento, le parecía que esa lesión le descalificaba totalmente.


En una nota al pie, Sacks escribe: "el sentimiento como base de la razón es el tema central de Antonio Damaso El error de Descartes".