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Algo sobre teorías y prácticas del derecho

lunes, marzo 20, 2006

Apuntes sobre el ritualismo "strictu sensu" y sobre el ritualismo "mato grosso".

Lean este reporte de EFE , que reproduzco acá:


"A juicio por quejarse de sus errores"

SANTIAGO DE CHILE - Un abogado con mala ortografía y un juez empecinado en corregirle quedaron empatados a uno en la Corte Suprema de Chile, que debió resolver dos recursos en el marco de un largo litigio entre ambos en la sureña ciudad de Puerto Montt.

Insistentes quejas

Según consigna el diario El Mercurio, el máximo tribuna de Justicia falló a favor del abogado Jaime Millán Stuven, que acusó al juez Manuel Pérez Sánchez, del II Juzgado de Policía local de Puerto Montt, de denegación de justicia, por resistirse a tramitar un caso debido a los errores ortográficos del letrado. De acuerdo con la publicación, el magistrado no aceptó que Millán Stuven escribiese "taza" en lugar de "tasa" para referirse al tipo de interés.En su resolución, la Corte Suprema le señala al juez que "omita emitir pronunciamientos o apreciaciones que escapen al ámbito jurídico legal".

Tras la resolución de la Corte Suprema, el juez tuvo que acatar y aceptar el escrito, pero ante nuevos errores insistió en tratar de enmendarle la plana al abogado, que esta vez presentó una queja disciplinaria contra el magistrado. El máximo tribunal rechazó el recurso, pese a que uno de sus magistrados, Enrique Cury, se mostró partidario a acogerla porque en su opinión, la actuación del juez constituía "abuso y descriterio".


En el informe que presentó a la Corte Suprema para defenderse, el juez acusó al abogado de "incurrir una y otra vez en errores ortográficos en las causas que tramita". Advirtió que el propio recurso de queja presentado en su contra contenía "otras ocho infracciones a la lengua" y citó una larga lista de errores en los escritos presentados por el abogado.

Entre otras cosas, dice el juez, el abogado escribe "seda el paso" en lugar de "ceda el paso", "mato grosso" en vez de "grosso modo" y destaca la ausencia de tildes en sus documentos.

Millán Stuven aseguró a El Mercurio que "en general" tiene buena ortografía y que él mismo redacta sus escritos, y no su secretaria. A su juicio, el juez le tiene animadversión porque ha sido el único abogado de Puerto Montt que se ha quejado por la costumbre del magistrado de corregir los escritos que llegan a sus manos. Agregó que ha optado por no tomar causas en ese juzgado, para evitar que sean sus clientes los que paguen el costo de sus peleas con el juez.

El mismo juez se hizo conocido antes de las elecciones presidenciales del pasado diciembre, cuando citó a comparecer a los candidatos por instalar en la ciudad propaganda fuera de plazo. Hace unos días, dijo en una entrevista que no ha anulado las citaciones y que espera ver en su tribunal a los inculpados, incluida la nueva presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

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Ahora sí, a título personal, tres cosas sobre este pintoresco episodio:

1. Forma parte de las virtudes cardinales de una persona a quien la sociedad le ha dado la enorme responsabilidad de juzgar a sus pares la de tener templanza y criterio para separar los aspectos rituales de los sustanciales. Defecciona con estas pautas aquel que ha tomado conciencia que un alegato se refiere a la "tasa" y deliberadamente se rehúsa a ver el fondo del caso porque en el escrito se ha puesto "taza". Hay algo de arrogancia en esa actitud y, como bien decía por allí Enrique Cury, "no es prudente que el juez cuando está resolviendo cuestiones de tipo jurídico, se convierta, digamos, en profesor de ortografía".

2. Este caso de formalismo nos resulta grotesco por sus aspectos risibles y caricaturizables: un abogado que parece escribir como César Bruto, y un juez capaz de denegar la justicia por una falta de tilde. Pero no nos creamos tan a salvo de estas cuestiones. Mi pregunta es, ¿en cuántos otros casos, bajo el pretexto de un nomen iuris mal elegido, una copia presentada no autenticada, o un defecto menor en el modo en que se articula la petición, un juez "plancha" la petición con un áspero rechazo y renuncia a entender en un conflicto cuya sustancia y cuya razón, sin mayores dudas, se entreveía ya claramente?

3. No soy un anarquista en términos procesales, y por eso algunas veces he visto con desconfianza casos donde los mismos argumentos que expongo se usaban con inconfesables fines de habilitar la instancia para demandas impresentables. Algún día, a propósito de esto, le dedicaremos un post al "buen juez" Magnaud. Mientras tanto, que quede claro que los procesos no pueden seguirse ad libitum ni de cualquier modo, y que los plazos y las formas no deben atacarse livianamente, sino antes bien, buscar en todo caso su estricta observancia, mucho más cuando en los juicios intervienen letrados que se supone deben estar enterados de toda la tecnicatura. Pero sí es cierto que muchas veces, por un apego demasiado acrítico a estas cuestiones, terminamos convirtiendo el proceso en un rito romano que atrasa varios siglos, y muchos de nuestros jueces son, a su modo, versiones sofisticadas de Manuel Pérez Sánchez, pues con el respaldo prestigioso de un latinajo, un articulado procesal, una acordada o aún por la mera persistencia en usos y costumbres judiciales, hacen lo mismo que aquél: pura y simple denegación de justicia.



.::.

- Canal 13 de Chile pone un video donde se informa del caso. Pueden verlo aquí.

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