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Algo sobre teorías y prácticas del derecho

viernes, febrero 22, 2008

Mitos y verdades de las Facultades de Derecho


La concepción general de esta nota y algunas ideas puntuales han sido tomadas de un muy buen artículo de Peter F. LAKE, When Fear Knocks: The Myths and Realities of Law School, publicado en el Stetson Law Review Vol. XXIX, p. 1016 (2000). Lake, larguero, enumera más de treinta “mitos y medias verdades” que en su mayor parte son aplicables al sistema de enseñanza norteamericano, pero el espíritu de lo que dice allí es casi “universal” y suponemos que algo de eso ha quedado reflejado en nuestra muy diferenciada remake, en la que ya no sé si hay todavía mucho de la "fuente".

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Ayer tomamos examen y con eso di inicio a mi "año lectivo" 2008. En la UNLPam se hace, como en otros lados, un "Curso de Ambientación Universitaria", que es optativo, y es como un precalentamiento light (dura tres semanas, con clases todos los días) para lubricar el para muchos trabajoso ingreso en un ambiente nuevo. Nunca estuve, pero la verdad es que me encantaría darlo. En cambio, y a modo de preludio al regreso a las clases, haremos un repertorio de "mitos" que se puedan predicar, creo, sobre todas las Facultades de Derecho en nuestro país.

Una salvedad. Hablamos de mitos generales y que la gente se toma en serio: excluimos los de tono meramente chistoso y los que están ceñidos a una Universidad en particular. Y así, no vamos a dictaminar sobre la tremenda superstición arquitectónico-académica de la UBA, que establece que si contás el número de columnas que tiene el frente de la Facultad de Derecho no te recibís.

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1. En la Facultad de Derecho me tienen que enseñar Derecho.

¿Ah no? ¿Y entonces qué? Me explico: esto no es un mito sino una “media verdad”, que podría decirse mejor del siguiente modo: en la Facultad de Derecho se aprende un poco de derecho, pero lo más importante es “aprender a aprender” derecho.

Veamos esto desde una perspectiva “practicona”. El buen abogado sabe que a veces no va a tener un argumento ya construido esperándolo en un repertorio de jurisprudencia del año sesenta y cuatro, para ser utilizado como el “arma secreta” de su litigio. Ese argumento clave muchas veces tiene que armarse a partir de materiales dispersos, haciendo una tarea de “elaboración del conocimiento” de cuya construcción dependerá el respaldo que tengamos para nuestra posición.

Puede ser que tratemos de explicar por qué, si se lo mira bien, nuestro caso es en realidad similar a otros que tienen determinada solución. O, por el contrario, que queramos justificar una solución distinta y para ello tengamos que demostrar que nuestro caso no es lo que parece ser. Fíjese bien, Su Señoría, que eso que todos ven amarillo, que tiene un cartel que dice “amarillo” y que está chorreando pintura amarilla fresca, en realidad parece verde cuando se lo ve de costado por el reflejo, como estaba cuando lo vio mi cliente.

Y ahora veámoslo desde una perspectiva teórica. El “jurista” no es un señor que se dedica a coleccionar lecturas y fichas de las ideas del Derecho de Santo Tomás a Niklas Luhmann. Como en el caso anterior, lo ideal no es que se propicie la recepción de un corpus de conocimientos momificado, cristalizado, sino que se le inculque la impronta del derecho como una cosa viva, abierta a la crítica, mejorable a través de la investigación y de conjeturas y refutaciones.

En ambos casos, lo óptimo no es aprenderse un catecismo de respuestas prefabricadas, sino aprender también a hacer preguntas, y a contestárselas.


2. El gran mito del razonamiento jurídico: según como se mire, todo depende.

Este mito está un poco relacionado con el anterior, porque una vez que el estudiante se desayuna de que no hay soluciones rígidas y que la aplicación de la ley no es mecánica, empieza a caer en el síndrome del “depende”. Su fuerza de atracción es altamente adictiva, porque el “depende” –sobre todo si es dicho con alguna taquigrafía técnica que ya se aprende a la altura de Civil II- sirve siempre para “decir algo” sobre cualquier cuestión, por ardua que sea. Claro que ese “decir algo” no es contestar, ni mucho menos razonar.

Aunque esto excede a la Facultad, conviene desprenderse del “depende” por razones muy prácticas y que llegan después de tener el título. Una posibilidad es que vayamos a trabajar al poder judicial, donde ya no podremos escudarnos en el “depende” porque hay que resolver. Y si lo hacemos en la actividad privada, huelga decir que el cliente no se queda nada tranquilo si a su angustiosa inquietud la despachamos con el “dependismo” compulsivo.


3. A los que les va bien en la carrera les va bien en la profesión.

Existen algunas razones para calificar esta idea como un mito, y que tienen que ver con una disociación entre las habilidades que demanda (y premia) la facultad y las que demanda (y premia) el mercado laboral.

Mi punto es que es perfectamente plausible que un estudiante pase exitosamente por los años de su facultad sin tener una capacidad descollante para la “lectura” de un caso concreto en clave argumentativa. Y que en muchos casos una destacada performance académica está sustentada en una descollante pero autista facilidad para tratar las materias como un asesino serial, que elige a su víctima y la estudia durante meses, para luego olvidarse de ésta y ocuparse de la siguiente.

Son frecuentes estos casos, en personas por los demás perfectamente normales, pero que sufren muchísimo su inserción en las trincheras de combate de la profesión legal, donde sus problemas se presentan todos juntos, interactuando entre sí, y el soldado ya no es un francotirador solitario sino que tiene que actuar coordinándose con su pelotón y con su jefe.

(La recíproca: son menos frecuentes, pero tampoco raros, los casos de estudiantes que no tuvieron gran destaque en su promoción y que sin embargo hicieron aprendizajes ocultos, o indetectables para el sistema universitario, y que se ven cuando sus capacidades afloran y se potencian al empezar a trabajar como abogados, incluso como profesores).

¿Qué es lo que importa entonces? Ante todo, tener en cuenta que la nota no debe ser un fín en sí mismo, sino un resultado del buen estudio hecho con gusto, con orden y con sistema.

Finalmente, cabe hacer una observación que podrá parecer ociosa pero que es imprescindible para poner las cosas en su justo marco: decir que una carrera brillante no importa de por sí la certeza de obtener un destino profesional que nos haga sentir realizados no quiere decir -ni remotamente- que sea un obstáculo para ello.

Antes de irnos del punto, consideremos una variación de este mito, aquella que se basa en la – por lo demás, bastante improbable - relación entre talento y precocidad: hay que recibirse rápido (o, en una segunda acepción de lo mismo, recibirse "joven"). No es así, no siempre es así: la velocidad no garantiza nada, uno ve a chicos que quedan, en su punto de cocción, "arrebatados", con un interior algo crudo y una cáscara quemada dura y que les impide tener una permeabilidad a las cosas nuevas. Y por otro lado, hay estupendísimos abogados que se recibieron "de grandes", y que se aprovechan del valor agregado de que fueron rindiendo y aprendiendo materias desde una perspectiva de cierta experiencia que les permitía eficientizar su estudio.


4. Yo se mucho de laboral, la saqué con nueve.

Malas noticias: a veces, los profesores “regalan” nota, a veces lo hace el azar. Y los estudiantes, que siempre están dispuesto a cuestionar la injusticia de haberse sacado un “cuatro” cuando sabían “para diez”, no lo hacen (a veces ni lo advierten) cuando se encuentran en la situación inversa. No será lo más frecuente, pero conviene mantener un moderado escepticismo sobre esos pequeños triunfos. La regla también vale al revés, y no es del caso desmoralizarse -si se han hecho las cosas bien- por una nota baja, ni siquiera por un aplazo, en una materia que nos ha gustado. La retroalimentación negativa en esos amores no correspondidos se parece mucho a la que ocurre en los de la vida real, en donde -por otro lado- también tenemos predisposición a gustar de quienes gustan de nosotros, que es siempre lo más fácil, pero no necesariamente lo más auténtico ni lo que más nos hará felices.

Las prevenciones deslizadas en este punto sirven también para no incurrir en automatismos relativos a la orientación profesional. Una buena nota en una materia es una presunción sólida, y a veces una semiplena prueba, de que existe algún conocimiento básico sobre ella y cierta capacidad para aprenderla, pero en ningún caso puede ser por sí sola una razón suficiente para establecer a priori y sin retorno un área de orientación profesional a futuro, en desmedro de todas las otras.


5. Se puede engañar a los profesores y zafar sin haber estudiado.

Vale recordar la tortuosa frase de Lincoln: “Se puede engañar a poca gente durante mucho tiempo, y también se puede engañar a mucha gente durante poco tiempo, pero lo que no se puede es engañar a todo el mundo, todo el tiempo”. Ojo: cuando dice que “no se puede”, no lo está diciendo desde un punto de vista moral (“no debería hacerse”) sino desde un punto de vista fáctico: no es posible hacerlo, tarde o temprano lo sabremos todos.

Pues bien, lo mismo funciona para las facultades. Se puede engañar a algún profesor durante todo un examen, y se puede engañar a todos los profesores durante alguna parte de un examen; pero lo que no se puede es engañar a todos los profesores durante todos los exámenes. Alguien se va a dar cuenta en algún momento.

Independientemente de la imposibilidad del engaño a largo plazo, hay un componente bien práctico que cabe la pena aclarar. Se trata de la falaz jactancia de que es más “piola” (y por ende, meritorio) aquel que ha “zafado” en base a su inteligencia innata y/o a una afortunada maniobra de ingenio que ejecutó bajo presión durante el examen. Lo cierto es que si es tan ingenioso e inteligente, no debió haber llegado a la situación crítica en que debió ejecutar esa maniobra riesgosa de someterse al azar para no verse reprobado.


6. El verdadero derecho se aprende en “la calle”.

Por un lado, “en la calle” se encuentra un caudal inagotable de chismografía, prejuicios burdamente establecidos, mitología jurídica y caracterizaciones interesadas sobre la gestoría de intereses. Si se cree todo esto al pie de la letra habrá alguna ocasión en que la realidad se comporte de acuerdo a ese infame conocimiento, pero sus posibilidades de acertar son las mismas que las que determinaría cualquier mecanismo de azar. Y el informante que hoy nos demuestra cómo “la tiene clara”, mañana puede equivocarse de medio a medio. Así que no se pierde mucho si no se conoce eso.

En otro sentido, tener algo de “calle” es necesario, en la medida en que identifiquemos el concepto con una serie de mínimas orientaciones sobre cómo se pide procesalmente tal medida en un juzgado y en otro, sobre los vericuetos de la administración pública, sobre los “códigos” informales de la burocracia judicial. Aunque es útil para la profesión legal y hay que preocuparse por saberlo, esto no es “derecho”; y el hecho de que en última instancia estos datos estén al alcance intelectual de cualquiera (y que, por eso, no tendrá de qué jactarse) demuestra que por allí no pasa la diferencia entre los buenos y los malos abogados .

Otra versión más sutil de este mito es que el derecho sólo se aprende “en tribunales”. Bueno, ahí ya no lo catalogaremos de mito, quizá sí de media verdad. O verdad en la medida en que eso no está marcando otra cosa que un desinterés y una deserción de las Facultades y sus operadores de enseñanza, que a veces tienen aversión por tratar y transmitir datos identificables de la práctica jurídica.

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Hay otro mito más que no trataremos: el mito de "Derecho como carrera fácil". Lo dejamos para otra vez, porque merece tratamiento aparte. Vale decir que no es así, ni tampoco es lo contrario.

Si alguno tiene más de estos mitos, o de las medias verdades, pueden ponerlos en los comments o mandármelos por mail. Pueden mandarse un "mito" entero, o dar la idea y yo lo redacto, y por ahí hacemos un post-continuación de este. Ojalá.

14 comentarios:

  1. Gustavo,

    Hay mucho de verdad en lo que comentas. Desde que era estudiante pensé que era necesario integrar más el estudio "teórico" del derecho, con la real "practica" profesional. Nunca entendí porque la mayoría de los docentes - que vivían la práctica profesional todos los días - se enfocaban solamente en el tratamiento teórico del derecho sin lograr bajarlo a la realidad cotidiana de todos los días. Sería mucho más interesante para todos!

    Creo que poder encontrar un mix entre ambas áreas tornaría mucho más interesante el estudio e incluso otorgaría más herramientas a los futuros profesionales para salir "a la calle".

    Mariel Leposa
    Abogados.com.ar

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  2. Muy buen post, Gustavo. Ahora no tengo tiempo para comentar algunos mitos más, pero quería proponer una hipótesis para la pregunta de Mariel.

    Sospecho que muchos profesores no revelan sus aprendizajes en la "práctica" por razones estrictamente comerciales.
    En otras palabras: no quieren avivar a la futura competencia. ¿Será así?

    Un abrazo para todos.

    Horacio

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  3. Gustavo, creo que hiciste un buen resumen de los mitos. Pero quiero recalcar en el primero "En la Facultad de Derecho me tienen que enseñar Derecho" y en el comentario de Mariel. Creo que un corolario de ese primer principio está en el mito de qué saber como funciona un tribunal, cómo se memoriza un código de procedimiento, cómo se conoce la "forma mágica de hacer un recurso de casación", o el de saber solicitar un subrogado es derecho. Creo, por el contrario, que uno necesita un par de meses prácticos para aprenderlo, como lo hacemos siempre frente a un tema,siempre y cuando tengamos un bagaje argumentativo para asimilarlo. Para eso sirve la teoría, es ella la que permite un sostenimiento argumentativo que materializa la distinción entre el jurista y el rabula.

    Creo que es apropiado decir, que el jurista es aquél que sabe formular preguntas y sabe en donde se encuentran algunas respuestas- puede haber varias-, mientras que el rabula lo sabe todo, incluso antes de que el cliente o el estudiante le formule la pregunta.

    Un saludo y seguimos en línea.

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  4. Además de ser interesante el tema que elegiste, doy fe, como estudiante de la misma Facultad en la que das clases, de la presencia de esos mitos. Coincido en las "desmitificaciones" que hacés.

    Creo que todo lo que escribiste deberían leerlo ciertos "vivillos" que se valen de estos mitos para vanagloriarse de que se "comen los chicos crudos" en el estudio del Derecho, en especial el mito de que se puede aprobar un examen habiendo estudiado una mínima parte de la asignatura (nada me irrita más cuando te lo enrostran).

    Si me permitís, propongo otros:

    # es más probable aprobar una materia recurriendo sólo a guías de estudio, resúmenes o apuntes manuscritos de clases efectuados por otros a los que les fue bien en la materia;

    # es más fácil estudiar de manuales que de tratados;

    # hay que presentarse de saco y corbata a rendir porque la "presencia" puede influir en la ocnsideración del profesor respecto a tu persona y, por ende, en la nota;

    # no sirven para nada materias como Economía Política, Introducción a la Sociología y, quizás, Filosofía del Derecho y Sociología Jurídica, a los fines de la litigación lisa y llana, sobre todo si se repara en que difícilmente me acuerde del pensamiento Kantiano o Aristotélico al momento de peticionar una cautelar.

    Bueno, probablemente piensen que lo que puse lejos está de ser mitos, pero me parecieron tales.

    Un abrazo.

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  5. VARIOS:

    Coincido con Mariel en que se da una teoría sin referencia a lo real. Es decir, se da una mala teoría, pues toda teoría presupone sus condiciones de aplicación, y la teoría formalista que se enseña no sirve para dar cuenta del fenómeno jurídico. Con esto no quiero decir que tengamos que enseñar a cocer expedientes, pero no podemos ignorar la práctica jurídica y reducir el objeto de estudio "derecho" a un conjunto de normas y a la interpretación en abstracto —o sobre casos hipotéticos— que de ellas se hace. En este sentido es muy clara la distinción que hace Perfecto Andrés Ibáñez entre ese tipo de interpretación y lo que él llama "interpretación operativa".

    Y no creo que con puro conocimiento conceptual y un par de meses de práctica soluciones las cosas. Si no se integra el conocimiento conceptual con la adquisición de las competencias técnicas que nuestra profesión exige, es difícil que en dos o tres meses comprendamos la racionalidad de las prácticas probatorias, para poner un ejemplo.

    El desprecio por los hechos que informa toda la carrera se paga a un alto costo para quienes litigarán sin saber cómo se prepara, interroga o desacredita un testigo.

    En cuanto a la vestimenta, si los estudiantes se disfrazan para rendir los docentes algo de culpa debemos tener.

    Lo mismo le cabe a la "inutilidad" de determinadas materias. El docente debe tener la competencia necesaria para provocar que el estudiante descubra por sí mismo la "utilidad" de la materia.

    Muy bueno lo suyo, GA, como de costumbre.

    AB

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  6. En primer lugar, mis felicitaciones por tu blog Gustavo. Lo he leído en forma pasiva desde hace un año atrás. Acabo de dar mi examen de Grado, por lo que me encuentro hoy en calidad de Licenciado en Ciencias Jurídicas por la Universidad Católica de Temuco (Chile).

    Me parece comprender de cerca el pequeño listado y comentario de mitos que intentaste plasmar de forma tan didáctica, por cuanto vengo recién saliendo de la Universidad y me enfrentaré este año al mercado laboral. Coincido profundamente con la opinión que has manifestado acerca de los mitos.

    Por ejemplo, un buen y destacado alumno no tiene por qué ser un exitoso abogado en forma imperiosa en el mercado laboral. Como bien lo destacas, todo ello se condice con el tipo de habilidades a evaluar y a requerir tanto por los propios pares (en el concepto de lo que se llama prestigio y fama profesional) así como en el mercado laboral y la opinión de los clientes. Pero también creo que el ser un buen estudiante no debe ser relacionado solo con un alumno que memoriza incansablemente las materias y luego mediante una consecuencia de su sistema de estudio olvida todo rápidamente, memorizando la materia siguiente. Ello sólo dice relación con algunas conductas de estudio de ciertos alumnos exitosos en la carrera. Empero, muchos alumnos exitosos lo son porque estudian y tienen la capacidad de enamorarse de lo que realizan (o aspiran a realizar), por lo que empiezan a creerse el cuento como coloquialmente se dice, desde que son estudiantes. Esta conducta los hace tener más interés, estudiar más de lo requerido en clases y porque no mezclar los temas pasados con información práctica que van consultando a la par. Por lo anterior creo que dentro del mito de los estudiantes exitosos, es necesario matizar y ver realmente que un alumno exitoso puede ser un buen abogado, pero no siempre ello ocurre.

    Finalmente quiero plantear otro mito que podrías profundizar.

    EL TENER PROFESORES DE RENOMBRE HACE QUE APRENDA MÁS SOBRE UNA DETERMINADA MATERIA, POR LO CUAL SÉ MÁS Y ESTOY SUFICIENTEMENTE CAPACITADO.

    Este mito que te planteo Gustavo, tiene la misma lógica del que planteaste en relación a que si saco un 9 en una asignatura es porque se de la materia. Yo creo que otro mito muy fuerte es el relacionado con la calidad de los académicos en nuestras escuelas. De partida, quisiera expresar que la lógica me lleva un poco a suponer que un Catedrático con Doctorados y renombre, me va a enseñar de mucho mejor manera una determinada asignatura, y por ende aprenderé más. No pretendo entrar en profundidad en los conceptos de aprendizaje y enseñanza, empero me parece ya razonable manifestar que puede que dentro de estos profesores con grandes reconocimientos, existan tipos que solo quieran ir a ganar plata extra, o que simplemente carecen de la pedagogía que posee otro profesor, y por ende, los resultados en los alumnos no son los mejores. Que más decir de aquellos Profesores que figuran como titulares y que finalmente hacen menos de 20 clases al año, pero siguen figurando como los que desarrollaron el ramo.

    Con lo anterior no quiero decir que los profesores no deben tener dichos Grados y reconocimientos académicos. Al contrario, yo creo que uno de los puntos que hace que una Facultad de Derecho se potencie es la calidad de los Docentes. Pero es absolutamente un mito que dicha calidad me asegurará una mayor calidad en la enseñanza del Derecho. De una manera, inicialmente, debemos suponer un mayor grado de preparación en tal profesional de las leyes, pero ello no significará que necesariamente en la práctica de su labor nos traspase todo su conocimiento de forma pertinente y acabada, por muchos factores que pueden ser demasiado subjetivos y extensos.

    Espero que mi reflexión te haya gustado. Por último, te quería comentar que encuentro muy bueno tu espacio virtual, ya que en más de una oportunidad tuve el gusto de comentar algunos artículos que he encontrado aquí, con algunos profesores de mi Facultad, como el artículo que realizaste hace un tiempo atrás acerca de una visión iusnaturalista y iuspositivista en la actitud que tuvo un árbitro de fútbol sobre un gol convertido con la mano por Ortega. Sencillamente notable.

    Por último, te informo que luego de salir de la Universidad, me propuse seguir escribiendo y potenciando el análisis y comentario jurídico, por lo cual he creado un blog sobre Derecho Chileno, llamado PUBLIURIS. Sería para mí un honor sui pudieras publicar un artículo allí. Te dejo la dirección de mi blog: http://www.publiuris.blogspot.com Mi correo electrónico por cualquier cosa: publiuris@gmail.com

    Saludos Cordiales.

    Francisco Javier Pinto López
    Licenciado en Ciencias Jurídicas
    (Chile)

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  7. 1. Horacio:

    Puede haber algo de eso, pero no sé si será "consciente". En cualquier caso, si el profesor no da el 100 % de lo que puede muchas veces no creo que sea por un cálculo de ese tipo, sino por apatías de otras fuentes.

    2. Mariel / Fbarbosa.

    Los remito al comentario de Bovino, ahí está todo.

    3. Matías.

    Gracias por los mitos propuestos. Me quedo pensando en un futuro post "por qué conviene el tratado antes que el manual, y el manual antes que la guía". Y lo de las materias de "cultura jurídica" tiene sus vueltas: las vamos a defender, pero no a cualquier precio ni dadas de cualquier modo.

    4. Francisco.

    Metí tu blog entre mis feeds, que es la materia prima con la cual se hace la sección "obiter" de arriba. Luego veo de incluirlo en la próxima renovación de links fijos del blog.

    Has dado en un punto muy interesante. Una vieja duda que yo le he planteado a mucha gente, que es: "¿El mejor profesor es el que "mejor enseña" o el que "más sabe"?. Uno sospecha que, en facultades de grado, lo que importa es enseñar bien. Ojo, si me siguen por este razonamiento, todo el eventual concurso debería girar sobre la clase de oposición, prescindiendo de los antecedentes. Muchos no estarían dispuesto a admitir eso (el tema lo charlamos en un debate sobre "concursos" en el blog de Bovino, dos semanas atrás).

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  8. Gus:

    ¿Qué es eso del Curso de Ambientación Universitaria? ¿POr qué no escribís un post de eso así nos desasnamos?

    Saludso,

    AB

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  9. No escribo de eso de alunado, porque pienso que es una injusticia que no me llamen a mí para darlo. Creo que podría justificar este reclamo a varios niveles, pero bueno, este no sería el lugar. Por otro lado hasta no sé si me conviene, ya que como sabés ando con mil cosas y eso me distraería. Pero en algún momento me gustaría hacerlo, como dije.

    Bueno, ya que está, escribo algo: se enseñan algunos aspectos prácticos de la Facultad, se enseña al estudiante a moverse dentro, se enseñan técnicas de estudio y un poco de comprensión de textos, y de paso los chicos se van conociendo entre sí. No es obligatorio ni tiene nota.

    En La Plata, año 1994, yo hice uno parecido, pero sí era obligatorio y tenía nota. Y duraba un mes. No era de carácter "filtro", la tasa de aprobados era de más del 90 %. A mí me gustó mucho y uno de mis profesores top 5 de todos los tiempos, Matías Arteaga, que además de abogado era maestro de escuela, lo ví ahí y no lo ví mas (creo que ahora está en Intro al Dcho). Constaba de dos materias, una que era "Lógica y Lenguaje Jurídico" y la otra, ey, no me acuerdo. No sé como estará la cosa en La Plata, creo que mutó luego a algo optativo o que se puede "saltear" si uno aprueba un test de cultura general y comprensión de textos bastante fácil.

    Si alguno conoce sistemas similares, y tiene idea de cómo funcionan, que los commente acá.

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  10. Gustavo, ante todo como siempre un placer leer tus posts.

    Mitos, Medias Verdades... Puf! Yo recien estoy por empezar a atravesar mis tercer/cuarto año universitario... Y eso es un mito "los años" ... Son materias, a criterio personal, a algunos les llevara mas a otros menos.
    Que el tiempo sea estimativo es una cosa, que te digan son tantos años otra.

    Despues hay miles de cosas, muchas las reflejas en lo que escribis, y son tema de eternas charlas mate de por medio en algun receso de estudio...

    Saludos, Jorge

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  11. ¡Excelente el sumario de los mitos! Disfruto mucho estas entradas.

    Si bien el tema más importante me parece que la forma de enseñar derecho, creo que es demasiado largo para discutirlo. Ameritaría una, dos o mil entradas. Me basta decir que -por mi experiencia al menos- los abogados tienen que replantearse un nuevo paradigma de enseñanza de las materias (sobre todo las codificadas y técnicas). El nombre de este blog es algo que deberían tenerlo anotado en el DNI.

    Festejé con la desmitificación del "recibirse rápido" dado que quien subscribe, empezó la carrera 5 años después de lo "oficial" totalmente seguro de que no iba a tener posibilida de trabajo alguna. Al día de hoy, en algún rato pesimista, lo sigo creyendo.

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  12. T.M. veo en tu perfil de usuario que sos de Mar del Plata, si es que te recibiste en la UNMdP, como estudiante que soy de la misma, me animo a decir que muchos te habran criticado o desprestigiado la facultad... Por lo menos, en mi caso personal, me sucede bastante seguido, creo que este post demuestra mucho de esos mitos de tal o cual facultad, sin dar ningun ejemplo concreto...

    Saludos

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  13. Me sentí identificado con el post. Siento que a pesar de sacar buenas notas en los ramos necesito reestudiar muchas materias. Lo bueno es que siento una carencia de datos (requisitos, definiciones, etc.), más no de criterio. Suena bastante débil mi excusa, pero cuando trabajé pude resolver temas complejos además de sacar algunas conclusiones propias sobre ciertos temas.
    Bueno, todo se reduce a que ¡odio memorizar!
    Curiosamente no se aprende derecho memorizando pero tampoco se puede aprender sin memorizar, ¿o no?

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  14. Un mito clasico que se escucha bastante en otras carreras -de algunos abogados tb- es "dejas una piedra/vaca en la facultad de derecho, la vas a buscar en 5 annhos y se recibio de abogada"
    Como me dijo un abogado, se puede haber recibido, no significa que vaya a a ser buena abogada.

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