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Algo sobre teorías y prácticas del derecho

miércoles, octubre 07, 2015

#JNDCBB -- Apuntes sobre las Jornadas Nacionales de Derecho Civil de Bahía Blanca


Interrumpimos brevemente el período de hibernación del blog para hacer algún post (luego vendrá otro) sobre las XXV Jornadas Nacionales de Derecho Civil que se hicieron en Bahía Blanca, la semana pasada, y contaremos nuestra experiencia un poco como extrapartidarios.

En primer lugar, aplauso de pie para la organización. Personalmente me consta como se tomaron esto en serio (desde años antes) y no como un trabajo que se empieza un mes y medio antes al ritmo del vamos viendo. Desde la acreditación al catering, traslados, respeto por los horarios, eventos de entretenimiento que no sean invasivos, un uso útil y constante, pero no atolondrado, de redes sociales, hay mil cosas que no se notan cuando funcionan bien, y eso fue lo mejor que se puede decir. Incluye detalles que trascienden lo simbólico, como proponerse ser un evento sustentable y realizar ex ante, ex durante y ex post acciones que contribuyan a disipar la huella de carbono generada por la actividad, cuyo simbólico final fue la plantación del olivo que aquí documentamos.

Juristas agotados luego de agarrar la pala para plantar un árbol. 

Y es victoria con punto bonus, porque -como también me consta- haciendo cosas desde el interior profundo hay que trabajar el doble para conseguir la mitad.  Y porque no forma parte de un impulso aislado de alguien que se le ocurrió hacer el megaevento para lucirse o ganar visibilidad, y consiguió un Tío Rico de bolsillos profundos públicos o privados que lo financiara. Cuando eso se hace así, se terminan notando las costuras, y no hay atajos. Me gustó mucho el discurso inaugural de Hugo Acciarri, una oda al epigrama beckettiano del fracaso mejorante que se tatuó Wawrinka en el brazo, pero más la idea y la praxis de que haya una construcción colectiva, progresiva, paciente y en un punto bipolar, que es humilde porque es consciente de los propios límites y no se quiere almorzar la cena, pero a la vez ambiciosa en la convicción de que se los puede correr primero un cachito, y luego otro, hasta que se amplían bastante.

El escenario. 

Bahía Blanca es casi un ejemplo de un lugar perfecto para estas actividades. Una ciudad de escala suficiente en infraestructura (vuelos, hotelería, etc.) que al mismo tiempo carece de un atractivo turístico obvio que impulse a salir del evento. El que fue a Bahía la semana pasada es porque fue a las jornadas, no fue a ver un glaciar con una excusa académica. Las jornadas se hicieron en su mayor parte en el campus de la UNS, no urbano, y no muy alejado de la ciudad, lo que contribuye mucho a la "concentración" de los participantes (encomillo esto para marcar todas las polisemias positivas que emergen de la palabra concentración, por la potencial dispersión que ocurre en los megaeventos porteños donde los ponentes caen diez minutos antes, hacen lo suyo, coctelean, y luego se rajan).


Conferencias y paneles. 

En la inauguración hubo exposiciones algo genéricas para mi gusto de Lorenzetti y de Highton, pero esto es difícil de ponderar: yo no soy el público adecuado para valorarlo porque estoy demasiado inmerso y ya los he oído demasiadas veces hablando sobre estos temas de 2012 )(presentación del anteproyecto) hasta hoy. Tampoco ignoro los condicionamientos que tienen: hablar bien de su obra propia es inelegante, no pueden ser muy contundentes para anticipar interpretaciones por razones de público conocimiento, y, en fin, de modo más general, su lugar institucional exige "compromisos" (y aqui nuevamente el encomillado implica polisemia) que los llevan a navegar por aguas más preferiblemente seguras (un ejemplo de esto fueron las palabras de Lorenzetti, ambiguas, sobre el uso de fórmulas para determinar indemnizaciones, bajándole el precio a la asertividad de lo que dice el Código al respecto). No vi todos los paneles, pero en general me parecieron correctos, salvo el tiroteo al Código con balas de fogueo de Ghersi, que a mi turno no criticaré en detalle para no grinchearla (pero lo que dijo era todo problemático en lo que pretendía ser original, y todo trivial en lo que no fue problemático).

Si merece un espacio aparte la exposición de Kemelmajer: hizo un "balance provisorio" del Código listando casos -con resultados que tabulaba como virtuosos, reprochables y dudosos- que se han suscitado desde su puesta en vigencia. Informativa y carismática, con "material nuevo" y con un cierre muy divertido y pertinente -casi tanto como la "Canción de la unificación" que cantó Vítolo en la cena-, Kemelmajer hizo lleno total en dos aulas enormes (en una estaba ella "físicamente", en la otra su conferencia se retransmitía en vivo), y como quedó gente afuera, hizo bis: con genuino espíritu amateur volvió a repetir la exposición acto seguido en el hall. Nunca visto.


Público esperando el bis de Kemelmajer rockstar.


Las comisiones 

Mas allá de la cáscara de lo ceremonial y las ponencias, el núcleo duro de las Jornadas está y estuvo ahí. Posiblemente no existe ningun otro evento del Derecho que se le parezca entre nosotros (y casi nada en nuestro país llega a tener una edición "veinticinco"). El hecho de que las JNDC se hagan cada dos años da un lapso de descanso para acumulación de energías -y también de maduración de ideas, y también de rumiar inquinas y rosqueos-.

A lo que iba es que no hay una suite de exposiciones o paneles, sino que las Jornadas buscan plantearse y dar respuesta -consensuada o dividida, en todo caso debatida- a determinadas preguntas.

Las conclusiones están en buena medida condicionadas por las ponencias, por quienes decidieron concurrir o no, y por quienes decidieron votar o no. Precedidas de una conferencia de un jurista designado que sintetiza el "estado de la cuestión", se abre el juego a los ponentes y se procede con un mix de aristocracia e igualdad: el voto es calificado porque para votar hay que ser profesor universitario titular o adjunto, pero a la vez todos los votos valen uno. Y una vez que se abre el debate cualquier cosa puede pasar (incluso frecuentes y enjundiosos metadebates, ya no sobre el Código, sino sobre lo que se puede o no hacer según el reglamento de las Jornadas, sobre todo por quién puede votar). Puede ser frustrante y a veces aparecen digresiones poco fértiles, pero también es un espectaculo hermoso que recomiendo a todo abogado que, si puede, lo haga una vez en la vida para estar ahí aunque no sea "civilista", aunque es posible que su mejor oportunidad haya pasado (era esta: la primera Jornada "post" Código Nuevo).

Contado el contexto, en próximo post haremos un zapping acelerado sobre lo que fueron las "Conclusiones" de las Comisiones de las JNDC -de por qué son importantes, por qué no son "decisivas", y por qué acordamos o discrepamos con ellas-.

Si quieren enterarse un poco de las Jornadas (están las conclusiones, las ponencias, etc.) pueden ver acá su web, o esperar nuestro próximo post.

4 comentarios:

  1. Genial Gustavo. Cariños, Vicky

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  2. Coincido casi en pleno con tu opinión sobre las Jornadas. Con excepción de la comisión de Familia que no estuvo a la altura. Fue evidente la falta de docentes titulares de Familia de universidades nacionales como así también la falta de expositores de renombre. A excepción de AKC desde ya. Ello se reflejo en la pobreza de las ponencias y conclusiones que nada por tan a la realidad judicial de los procesos de Familia hoy en trámite.. Único lunar de unas jornadas excelentes. Un abrazo!

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  3. ¿Como se llama el que posa con la pala?

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